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martes, 9 de junio de 2015

Rosa y Omar Fernández, una pareja lechiguanera.

Otro episodio de mi documental sobre las islas Lechiguanas que ofrezco a todo el público en mi canal de youtube.
Rosa y Omar vivieron siempre en Las Lechiguanas. Son auténticos isleros que conocen su habitat de una manera profunda y vital.

sábado, 21 de marzo de 2015

TOMÁS DE ROCAMORA: protagonista de la historia entrerriana



Por el Lic Gustavo Cichero

El pasado 19 de marzo se conmemoró el 232 aniversario de la fundación de la ciudad de Gualeguay. Dos días antes, el 17 de marzo se cumplieron 196 años de la muerte de su fundador, el coronel Don Tomás de Rocamora. En su homenaje, publicamos esta nota de Gustavo Cichero, que muy sintética pero efectivamente, traza una justa semblanza del fundador. Para el conocimiento general y para los textos de algunas historias, Rocamora desaparece de la historia luego de las tres fundaciones que realiza en Entre Ríos, pero como muy bien rescata Cichero, Rocamora sigue sirviendo a la patria, prácticamente hasta el día de su muerte, acaecida en 1819.
Jorge Surraco - editor

 
Tomás de Rocamora
El pasado 19 de marzo, conmemoramos un nuevo aniversario de la fundación de Gualeguay.
El fundador, Don Tomás de Rocamora, fue un  militar nacido en Granada de Nicaragua, pueblo del entonces Reino de Guatemala, el 25 de abril de 1740.
Sus padres fueron el Coronel Don José de Rocamora y Doña Jacinta del Castillo y Hurtado de Mendoza.
Se inició en la carrera de armas en España, cuando apenas tenía 10 años. Culminada su preparación, regresó a América hacia 1768, radicándose en Nueva Granada. Desde allí pasó a América del Sur, donde se destacó por su actuación en la rendición y toma de la isla de Santa Catalina, en la costa de Brasil (1772). A partir de entonces, prestó servicios en las milicias de Buenos Aires y Montevideo.
Por 1780, las condiciones de Entre Ríos preocupaban a las autoridades virreinales. En esta región, los buenos vecinos convivían con malvivientes, forajidos  de la justicia, que practicaban un fluido contrabando con Brasil, imperio que proyectaba la incorporación de la Mesopotamia a sus dominios.
El agravante de la situación fue la erección de una nueva capilla en la zona de Gualeguay,  hecho que produjo una serie de conflictos entre los pobladores de la región. Ante las diferencias existentes, el Virrey dispuso el envío de un fiscal y soldados para solucionar el problema. Para esta misión fue nombrado en febrero de 1782 don Tomás de Rocamora, quien era entonces ayudante mayor del regimiento de Dragones de Almanza, destacado por su talento y experto en misiones de este tipo.
Establecido en Entre Ríos, realizó un largo viaje de reconocimiento por el interior del territorio, con el fin de conocer la vida y organización de los que vivían, por entonces alejados de los principales centros políticos. Este recorrido le permitió a Rocamora comprobar que no existían autoridades que ejercieran funciones de gobierno y que los montes daban refugio a bandidos que huían de la justicia.
El resultado de su viaje, se plasmó en una serie de informes al Virrey sobre la situación social, económica y política de la región, proponiendo al mismo tiempo la fundación de pueblos para organizar y concentrar a los pobladores que estaban dispersos.

Plano confeccionado por Rocamora para su informe al Virrey
En estos informes, Rocamora dio nombre a nuestra provincia; fue el primero en llamarla “Entre Ríos”, augurando que sería la mejor provincia del continente Americano.
 Satisfecho su pedido, un año después, en 1783 fundó tres pueblos con sus cabildos aprobados: Gualeguay, el 19 de marzo, Concepción del Uruguay, el 23 de junio y Gualeguaychú, el 18 de octubre.
En 1784, el Virrey Vertiz, que lo favoreció y apoyó en sus acciones en Entre Ríos, fue reemplazado por el Marqués de Loreto. El nuevo virrey, dando menos importancia a la situación de Entre Ríos, relevó del cargo a Rocamora.
El militar nicaragüense, pasó a Buenos Aires, donde en 1803 se desempeñó como tercer jefe del regimiento de caballería con la graduación de teniente coronel.
Cuando en mayo de 1810 estalló la revolución contra las autoridades virreinales, don Tomás estuvo del lado patriota y se declaró a favor de la independencia. En ese entonces era teniente gobernador de Misiones, hecho que favoreció su incorporación al ejército de Belgrano que marchaba a Paraguay. En esa campaña se desempeñó como maestre general de su cuartel. En 1812 pasó a retiro, falleciendo en Buenos Aires el 17 de marzo de 1819. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de la iglesia de la Merced, pero se ignora el sitio en que yacen, ya que no existe lápida que lo indique.
Rocamora no era solamente un militar, también era un hombre de familia. Había contraído matrimonio con María Ramona Ibáñez y Rospigliosi, con la cual tuvo una hija, María Bernarda, la cual sería esposa del renombrado general Marcos González Balcarce.
Hoy, a 196 años de su muerte, recordamos a quien fuera fundador de pueblos y precursor de la organización política, económica y social de la provincia de Entre Ríos.


Fuentes consultadas

1)AROZENA, Hugo Nestor (Dir). Historia elemental de Entre Ríos. Paraná. MC ediciones. 1991.
2)OTERO CLOTET, Orlando. Tomás de Rocamora fundador de pueblos. Bs.As. Producciones gráficas Carrá. 1983.
3)PICCIRILLI, Ricardo; ROMAY, Francisco; GIANELLO, Leoncio. Diccionario Histórico Argentino. T VI. Bs. As. Ediciones Históricas Argentinas. 1954.
4)UDAONDO, Enrique. Diccionario Biográfico Colonial Argentino. Buenos Aires. Edit. Huarpes. S.A. 1945.


sábado, 7 de febrero de 2015

DOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA DE GUALEGUAY



UNIDOS POR UN INTERÉS COMÚN:

JUAN M. CASTARES Y EL PBRO. JUAN VILAR

Por el Prof. Gustavo Cichero

Seguimos incursionando en la historia de Gualeguay y sus habitantes, especialmente aquellos que dejaron su marca en el devenir de la ciudad. Lo hacemos examinando el archivo de notas del Prof. Cichero que en esta oportunidad nos da una semblanza de dos protagonistas que se vincularon en el tiempo sin conocerse, por medio de una aspiración común. Uno vivió en Gualeguay en los albores de la ciudad y de la patria y el otro en el período de la organización del país como  República Argentina.

Jorge Surraco-editor


Si bien estos dos personajes de la historia local no se conocieron porque no fueron contemporáneos, los une su patria de origen: España.
Las circunstancias de la vida los trajeron a la Argentina, radicándose en nuestra ciudad y contribuyendo a su historia.




Juan Castares fue protagonista de los acontecimientos revolucionarios de 1810. Por entonces residía en Gualeguay desde su fundación, dedicándose a actividades comerciales y políticas.



Dentro de estas últimas, cabe destacar que fue alcalde ordinario de Gualeguay en el año 1802 y su cómoda posición económica e influencias fueron ofrecidas al cura vicario y posteriormente al virrey para levantar un templo en nuestra villa. 


El anhelo de Castares se debía al interés general de la población. La obra era un sueño, pero su concreción demandaba enormes gastos, los cuales él estaba dispuesto a costear. 

La generosidad de Castares no se observa solamente en esta acción, sino que también nos benefició con la construcción de una cárcel, reparando la Casa Capitular, sustentando a los presos y guardianes, y desempeñándose gratuitamente en la función de Alcalde, ya que había renunciado a los derechos que le correspondían. Si esto no es suficiente para reconocer su espíritu filántropo, es preciso agregar que en su casa se brindaba asistencia médica, ropa y alimentos. 

Sus diferencias con el gobierno de Buenos Aires lo llevaron a la muerte, a pesar de que se había manifestado abiertamente a favor de la revolución que había estallado en mayo de 1810. En 1815 nuestro territorio estaba sumergido en una profunda guerra civil y el Directorio de Gervasio Antonio Posadas envió a las tropas porteñas a que invadieran Entre Ríos, alegando la existencia de partidarios de José Gervasio Artigas. Como dentro de este grupo se encontraba Juan Castares, una partida del ejército directorial al mando del Sargento Mayor Pinto Carneyro le dio muerte.
Con Castares, moría el deseo de toda una comunidad de contar con su templo parroquial, proyecto que sería retomado y concretado por el sacerdote Juan Vilar.



El presbítero Juan Vilar nació en Balenyá, provincia de Barcelona – España el 10 de agosto de 1842. Sus padres fueron el artesano Juan Vilar y Micaela Batlló.
Estudió en el seminario episcopal del municipio español de Vich, donde se ordenó de sacerdote y su primera misa la celebró en su pueblo natal en septiembre de 1867. Deseoso de conocimiento, continuó estudiando el profesorado de Latinidades en la Escuela Normal de Barcelona y luego se doctoró en Ciencias en la Universidad de la misma ciudad.
Instaló un colegio de segunda enseñanza en la ciudad de Valls y luego en Barcelona.
Debido a los conflictos civiles que sumergieron a España en una difícil crisis, se trasladó a Argentina en 1875, donde fue nombrado Capellán del Colegio de Nuestra Señora del Huerto, desempeñándose en simultáneo como maestro particular.

Desde allí, al año siguiente, fue designado sacerdote para Curuzú Cuatiá (Corrientes) y en 1877 se lo destinó a La Paz.
A nuestra ciudad llegó en noviembre de 1879 y se desempeñó por casi veinticuatro años al frente de la Parroquia San Antonio.


 Su obra fue grandiosa, no solo por atender espiritualmente a nuestros vecinos, sino por ser el responsable de la construcción del hermoso templo que enorgullece a nuestra ciudad.
Como puede apreciarse, el templo parroquial San Antonio fue  soñado por Juan Castares, haciéndolo realidad el presbítero Juan Vilar.



Fuentes

*UDAONDO, Enrique. Diccionario Biográfico Colonial Argentino. Buenos Aires. Edit. Huarpes. S.A. 1945
*VICO, Humberto P. Historia de Gualeguay: Desde sus orígenes hasta 1910. Santa Fe. Edic. Colmegna. 1972
*“Cgo. Hon. Dr. Juan Vilar”. Diario La Mañana. Gualeguay. Domingo 9 de agosto de 1942. Pág. 1



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Un gualeyo protagonista de la Historia Nacional



FRUTOS CÓRDOBA MORENO

Por el Prof. Gustavo R. Cichero
           
               Una vez más recurrimos al archivo del profesor Cichero para conocer otro aspecto de la historia de Gualeguay, en este caso en la figura de un soldado nacido en nuestra ciudad que intervino en los principales hechos militares que sucedieron en el territorio argentino y latinoamericano durante el siglo XIX, que delinearon un país.  Misma manera que muchos otros hacedores de patria desconocidos u olvidados, Frutos Córdoba Moreno no figura en las páginas de la historia argentina. Es bueno que por lo menos en las páginas regionales, estos actores, sean recordados y considerados. (Jorge Surraco-editor)


“Muchedumbre de beneméritos servidores de la Patria yacen en absoluto olvido. Encontrar algunos de ellos a través de añejas papelerías o en tumbas derruidas, implica siempre íntima satisfacción y cuasi el deber imperativo de sacarlos a luz, aventar el polvo acumulado sobre sus lápidas mortuorias”.Con estas palabras, comenzaba un artículo del 13 de marzo de 1938, publicado en el diario “La Mañanade Gualeguay. 

El autor de ese artículo, Fray Reginaldo Saldaña Retamar, tuvo la posibilidad de consultar la foja de servicios del Capitán Frutos Córdoba Moreno, protagonista de la historia militar argentina.

Este vecino de Gualeguay, nació  el 15 de agosto de 1834 y se destacó en las contiendas civiles e internacionales, en las que estuvo comprometida nuestra nación, en la segunda mitad del siglo XIX.
Sus actividades bélicas, comenzaron cuando tenía solo 16 años de edad, en el mes de enero de 1851, sirviendo en la “División Estrella”, de la que fue dado de alta con la gracia de “Soldado Distinguido”.

Su desempeño cobró protagonismo unos meses después, más precisamente en agosto, cuando participó junto a las fuerzas de Urquiza, de la campaña a la República Oriental del Uruguay contra el general Manuel Oribe, aliado de Juan Manuel de Rosas. Esta campaña, no fue exitosa solo para el gobernador entrerriano, sino también para Frutos, quién recibió las insignias de “Sargento”.

Consolidada la ruptura de relaciones entre Urquiza y Juan Manuel de Rosas, intervino en la Batalla de Caseros, el 2 de febrero de 1852, siendo premiado por su accionar con el grado de “Sargento 1º”. 
Lancero entrerriano

Buenos Aires, en desacuerdo con la nueva política llevada adelante por Urquiza, se separó del resto de la Confederación Argentina. Hilario Lagos, en disidencia con los porteños, sitió Bs. As. con el objeto de que la provincia separatista se reincorpore. En este hecho militar, también estuvo Frutos, quien fue ascendido a “alférez”.
En 1854, formó parte de la escolta que acompañó al entonces presidente de la Nación, Justo José de Urquiza, en su viaje a la provincia de Córdoba.

Cuatro años más tarde, en 1858, recibió el ascenso como “Teniente 1º” y unos meses después, recibió el título de “Capitán graduado de caballería”.
No alejado del campo de batalla, retomó las armas para asistir a la batalla de Cepeda en 1861, entre las tropas de la Confederación, dirigidas por Urquiza y las fuerzas de Buenos Aires, comandadas por Bartolomé Mitre. Esta beligerancia será consagratoria en su carrera militar, pues regresó a Entre Ríos con el grado de “Capitán”.

Al estallar la Guerra contra Paraguay en 1865, se incorporó a la “División Gualeguay”, que formó parte del Ejército Entrerriano, el cual se disolvió posteriormente.
Los años transcurrieron y Frutos Córdoba Moreno solicitó, el 18 de Junio de 1887, al Ministro de Guerra y Marina, Eduardo Racedo, una compensación por sus servicios prestados. Argumentaba: “Que habiendo pasado toda mi juventud prestando mis servicios a la Patria, hoy me encuentro avanzado en años y enfermo: enfermedades contraídas en servicio del Gobierno de la nación a quien he servido con lealtad y patriotismo”.
 
Soldados federales

En el mismo año que pedía esta retribución económica, Frutos Córdoba Moreno fallecía. Aunque hoy ya nadie recuerda a este vecino ilustre de nuestra ciudad, en aquel entonces, el secretario municipal, Leonardo Burgo Texera, lo recordó oficialmente en nombre de la Municipalidad de Gualeguay con estas palabras: “¡Quince años de rudas andanzas! ¡Quince años sobre el caballo por campos y poblaciones de tierra argentina y en tierra uruguaya! Quince años con la mano en el arcabuz y estopín en el pedrero, cual los primeros conquistadores, constituyen fornidos peldaños rumbo a la cumbre de la gloria”


(Palabras grandilocuentes; citas metafóricas; adjetivaciones rimbombantes, típicas de homenajes póstumos que más que honrar al destinatario, parecen querer hacer lucir al que las pronuncia. Este tipo de discursos se repite a lo largo de las épocas llegando a nuestros días y su análisis nos remite a experiencias recientes con nuestros pibes o gurises de la guerra, que fueron escondidos de manera vergonzante y que aún hoy no han recibido, por parte del pueblo argentino, el reconocimiento que merecen). Jorge Surraco-editor


Fuente consultada por el profesor Cichero
* SALDAÑA RETAMAR, Fray Reginaldo. “Hombres de Gualeguay: Capitán Frutos Córdoba Moreno”. Diario La Mañana. Gualeguay. Domingo 13 de marzo de 1938. Pág. 1

martes, 26 de agosto de 2014

EL CASAMIENTO DE MELITÓN JUÁREZ



Por el Lic. Gustavo R. Cichero

Para muchos de nuestros vecinos, Melitón Juárez solo involucra el nombre de una calle, conocida por cruzar el frente de la Escuela Normal y el costado este de la Plaza San Martín. 

Pero ese nombre, guarda mucho más para nuestra ciudad. Melitón Juárez no pasó desapercibido en la historia de Gualeguay. Fue Jefe de Policía en 1890 y entre 1900 y 1903, año en que se alejara hacia Santa Fe; fue protagonista durante la revolución de la Unión Cívica en 1890, defendiendo los intereses del presidente Juárez Celman; fue presidente del “Comité de Socorro a los Heridos”, encargado de atender a los perjudicados en esta revolución y miembro de la Comisión Administradora, encargada del gobierno de nuestra ciudad entre 1891 y 1892. (1)
Su vida privada también está unida a nosotros, al contraer matrimonio con Rosa Carboni, una hija de Gualeguay, el sábado 27 de septiembre de 1890.
Es sumamente interesante el rol que jugó en la fiesta de boda el diario La Discusión, al enviar un reportero a cubrir el evento.
El relato pintoresco nos brinda los pormenores del acontecimiento.
A continuación se comparten algunos párrafos que el simpático periodista escribe para el diario.

Publicación original 1
 “La interesante ceremonia nupcial, civil y religiosa, tuvo lugar en casa de los padres de la novia […].
Una concurrencia numerosa, selecta y distinguida de señoras, niñas y jóvenes había acudido a presenciar ese envidiable acto de himeneo que iba a hacer ingresar una pareja simpática y dichosa en el juicioso gremio de los casados.
Pronunciado el sí tan deseado, y ya unidos con los estrechos lazos matrimoniales, los jóvenes desposados recibieron los augurios felices de sus numerosos amigos y amigas, quienes se dispusieron a festejar con una brillante y alegre tertulia el feliz acontecimiento.
[…]
La brillante tertulia que empezó a las 9 ½ […] tuvo lugar en un espacioso patio, transformado en un lujoso y elegante salón arreglado y dispuesto con profusión de luces y con multitud de flores colocadas con exquisito buen gusto.
Treinta parejas animadas por ese entusiasmo y alegría, que son infaltables en toda ceremonia de casamiento, lanzáronse en el torbellino del baile, dando rienda suelta a la expansión de declaraciones más o menos inspiradas en el amor y la poesía y que son el pan bendito en toda fiesta nupcial.

 
Publicación original 2
Al compás de los brillantes vals, cadenciosas mazurcas y alegres polcas se habrán echado las bases de quince noviazgos por lo menos, a juzgar por la cara de pascuas que tenían algunos.
La parte musical, que es una de las más importantes en toda tertulia, estaba bien representada por el profesor de piano señor Bidaola […] y el señor José M. Cabral y los jóvenes Eduardo Cabral y Darío G. Calderón que nos hicieron oír preciosos vals y mazurcas con terceto de violín, flauta y piano.
[…]
Un espléndido buffet había sido preparado con riquísimos dulces y vinos generosos, donde los concurrentes brindaron repetidas veces por la salud y felicidad de los jóvenes desposados.
[…]
En resumen, ha sido una espléndida y brillante fiesta nupcial, que ha proporcionado a todos los momentos más gratos y amenos.
[…]”. (2)


 CITAS

(1)Cf. VICO, Humberto P. Historia de Gualeguay: Desde sus orígenes hasta 1910. Santa Fe. Edit. Colmegna. 1972. Pág. 246-248, 257-258

(2) “Azahares”. Diario La Discusión. Gualeguay. Martes 30 de septiembre de 1890. Pág. 2


jueves, 17 de julio de 2014

Un gualeyo comprometido con su tiempo



CARLOS BERNALDO DE QUIRÓS



Por el Lic. Gustavo R. Cichero



Carlos Bernaldo de Quirós fue un reconocido hijo de Gualeguay, nacido en 1895. Era hijo de Julio Bernaldo de Quirós y de Carlota Ferreyra.      

Culminados sus estudios de nivel medio se estableció en Buenos Aires, donde se graduó como abogado en solo tres años, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA.


Con el título universitario en su poder se radicó en La Rioja, donde fue profesor de Historia de la Civilización; juez del crimen (1920); juez en lo civil y comercial (1921); presidente del Superior Tribunal de Justicia (1922-1923); diputado a la Legislatura de dicha provincia (1927-1928); miembro de las comisiones reformadoras del Código de Procedimientos Civiles y Comerciales (1921) y del Código Rural (1924).


Hacia 1928 renunció a la banca en la Legislatura Provincial de La Rioja y se trasladó a Buenos Aires, donde ocupó diversos cargos dentro del Banco Hipotecario Nacional, como abogado auxiliar; jefe de Asuntos legales; jefe letrado de la Oficina Jurídica en Casa Central, entre otros.


Establecido en la gran provincia intensificó sus actividades, siendo presidente del Tribunal de Ética  de la Asociación de Abogados de Buenos Aires y del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional “Bartolomé Mitre”. Fue abogado del “Instituto de Maternidad y Eugenesia e Infancia” y del diario “El Pueblo”; presidente de la Sociedad Carlos Ameghino; socio fundador y miembro de la comisión directiva de la Asociación Folklórica Argentina; profesor de Eugenesia Jurídica y social del Instituto Politécnico de Biopatología, Eugenesia y Medicina Social (1) y profesor en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.


Su labor se ve enriquecida con el legado que nos ha dejado a través de numerosas obras publicadas. Algunas de ellas son Apuntes de Derecho Romano (1917); Historia de Derecho Argentino (1919); Delincuencia venérea (1934); Las enfermedades profesionales de la Ley de Accidentes del Trabajo (1935); Inquietudes al margen de mi lucha: estudios de eugenesia y sociología”.



Como puede observarse hasta aquí, no solo se destacó como jurista, sino también como sociólogo. En su libro Problemas Demográficos Argentinos, abordó sobre los problemas sociales que se relacionan con la demografía y las consecuencias de la misma dentro de la organización político – social de nuestro país. Esta obra, que vio la luz en 1942 y estuvo prologada por Alfredo  Palacios, pretende resaltar las consecuencias negativas que tenía para nuestro país la baja de la natalidad, profundizando en las causas que la provocaban.


Su interés por la sociología se percibe en la visita que hizo a nuestra ciudad después de treinta años de ausencia, donde disertó sobre “La revaloración humana en potencialidad nacional”; conferencia pronunciada en el Teatro Mayo el sábado 23 de mayo de 1942.


Un hombre comprometido con su tiempo, exteriorizó su preocupación escribiendo sobre problemas de nuestro país, muchos de los cuales aun perduran: natalidad, nupcialidad, mortalidad, enfermedades, interés desmedido de los jóvenes ciudadanos por el enriquecimiento monetario sin comprometerse en la vida política y social del país.


Su interés por el mejoramiento humano recibió respuesta del Gobierno Nacional (Presidencia de Ramón Castillo), al plantear en agosto de 1942 la necesidad de que se dicten clases alusivas a los problemas demográficos de nuestro país, de acuerdo con un proyecto presentado por Quirós en el Primer Congreso argentino de la Población (1940).


Sus publicaciones, proyectos, clases y conferencias le valieron numerosos reconocimientos nacionales e internacionales.


El Dr. Luis R. Mac ‘Kay dijo sobre Carlos Bernaldo de Quirós: “[…] no es de los hombres que hacen del talento su destino sino de aquellos que labran su destino con talento. […] llega al terruño con auras de patria y con un mensaje de paz, espiritualidad y progreso en estos momento aciagos en que la humanidad se debate en un espantoso caos de regresión y barbarie, engendro de un materialismo absurdo que sacrifica todo lo divino que tiene el hombre” (2)


CITAS
(1)Fue la primera persona del continente Americano en dictar esta cátedra.
Cf. “Dr. Carlos B. de Quirós. Su personalidad”. Diario La Mañana. Gualeguay. Jueves 21 de mayo de 1942. Pág. 1
(2)MAC ‘KAY, Luis R. “Sobre la personalidad del Dr. C.B. de Quirós”. La Mañana. Gualeguay. Miércoles 27 de mayo de 1942. Págs. 1,4

FUENTES
* “Entrerrianos destacados”. La Mañana. Gualeguay. Martes 13 de agosto de 1940. Pág. 1.
* “Bibliografía: Problemas demográficos argentinos”. La Mañana. Gualeguay. Miércoles 25 de marzo de 1942. Pág. 1
*“Dr. Carlos B. de Quirós. Su personalidad”. Diario La Mañana. Gualeguay. Jueves 21 de mayo de 1942. Pág. 1
* “Una enjundiosa conferencia pronunció ayer el Dr. Carlos B. de Quirós”. La Mañana. Gualeguay. Domingo 24 de mayo de 1942. Pág. 1
* MAC ‘KAY, Luis R. “Sobre la personalidad del Dr. C. B. de Quirós”. La Mañana. Gualeguay. Miércoles 27 de mayo de 1942. Págs. 1,4


lunes, 4 de noviembre de 2013

martes, 9 de julio de 2013

ANACLETO MEDINA: PROTAGONISTA DE LAS LUCHAS CIVILES EN EL LITORAL



El 17 de julio de 1871, Medina muere en la batalla de Manantiales.



Con mucha satisfacción publicamos este trabajo del Prof. Gustavo Cichero sobre este prócer, protagonista de muchos eventos transcurridos, en los primeros sesenta años de existencia de nuestra patria y de la República Oriental del Uruguay. Nos parece importante recordar a hombres que contribuyeron a forjar nuestra identidad y que son ignorados por la historia impuesta. Si bien al pie de la nota dejaremos, con todo respeto, nuestro disenso respecto a algunos datos aportados por nuestro amigo Cichero, coincidimos en el espíritu e intención general del artículo.

Nos cuenta Gustavo Cichero:


Francisco (Pancho) Ramírez
La declaración de nuestra Independencia, el 9 de julio de 1816, hecho de suma trascendencia para nuestro naciente Estado, generó una serie de largas y sangrientas luchas civiles en todo el territorio nacional. La provincia de Entre Ríos no fue ajena a estos enfrentamientos y dio importantes hombres, dentro de los cuales se destaca Francisco Ramírez (Pancho Ramírez).

Pero como todos sabemos, la trascendencia de las grandes personalidades de la historia, solo ha sido posible por personajes secundarios, que a través de sus acciones inmortalizaron la figura de héroes, caudillos, políticos, entre otros.

Anacleto Medina fue uno de estos personajes; un soldado que peleó bajo las órdenes de Pancho Ramírez y trascendió a la posteridad por su valentía. Él fue quien rescató a Delfina – mujer de Ramírez – en Río Seco y la llevó hasta Concepción del Uruguay. También participó de las campañas de Urquiza y fue protagonista en la Batalla de Caseros en 1852, enfrentamiento armado que daría paso a la redacción de nuestra Constitución Nacional.
 
Anacleto Medina
Medina fue un aborigen nacido en las Misiones, aproximadamente en 1786 (Sic) y su bautismo de fuego en los campos de batalla entrerrianos, se produjo en los combates librados por Ramírez y López Jordán (padre) en 1810. Prestó sus servicios a Artigas y combatió contra el general Lamadrid, contra Estanislao López, contra el general Bustos y tras la muerte de Pancho Ramírez en 1821, se unió a las fuerzas de Ricardo López Jordán (padre).

Gervasio de Artigas
En disidencia con el gobernador entrerriano Lucio Mansilla, Anacleto Medina se sublevó en 1822, pero fue tomado prisionero y condenado a muerte. A pesar de su accionar insurgente, Lucio Mansilla valoraba las cualidades del “aborigen misionero” y le perdonó la vida. Como retribución, Anacleto Medina se puso al servicio del gobernador entrerriano, quien lo nombró teniente coronel y lo puso al mando del escuadrón Escolta del Gobierno. Sus posteriores éxitos militares le permitieron ascender a coronel en 1826.

Manuel Dorrego
Luchó a las órdenes de Lavalleja y posteriormente se plegó al general Lavalle en su lucha contra Dorrego y posteriormente contra Rosas. Las derrotas militares sufridas contra Rosas, lo obligaron trasladarse a la Banda Oriental, donde fue nombrado Comandante Militar de la Sección del Litoral. Se puso a las órdenes del jefe unitario Fructuoso Rivera y junto a él combatió contra el General Manuel Oribe.
Juan Galo de Lavalle

Su desempeño en el campo de batalla, le posibilitó el ascenso a brigadier general, siendo designado en octubre de 1838 comandante general de Armas de la ciudad de Montevideo. Tras numerosas combates en suelo uruguayo, Medina se unió al ejército del General Urquiza, quien le encomendó el ejército de vanguardia y posteriormente el ala derecha de las fuerzas que derrotarían a Rosas en la Batalla de Caseros.

Su nombre cobraba fama y sus vastos antecedentes en la lucha, le permitieron alcanzar en 1855, el cargo de comandante en jefe del Ejército, en 1856 el comando general de Armas de Montevideo, en 1860 fue designado interventor general de Revistas, en 1863 jefe del Ejército de Operaciones al sur de Río Negro.
 
Soldado Federal
Toda su vida vivió empuñando sable y lanza y así murió. Siendo ya un anciano, con más de ochenta años, encontró la muerte en la batalla de Manantiales, en las cercanías de Colonia del Sacramento (Rca. Oriental del Uruguay) el 17 de julio de 1781.
Mezclado durante décadas en rencillas, revueltas y guerras civiles, Anacleto Medina supo ganarse el respeto de los más destacados caudillos y militares argentinos y uruguayos.

De Medina, dice el historiador Aníbal Vásquez: “Murió con él un viejo batallador, una figura legendaria que hizo culto del coraje en los combates”.

Prof. Gustavo Cichero
gustavocich@yahoo.com.ar


NUESTRO COMENTARIO
Alguien dijo alguna vez que la historia nuca se termina de escribir porque la aparición de nuevos documentos obliga a replantear lo asegurado hasta ese momento. Pasa en la historia de todos los países.
Veamos nuestro disenso respecto a algunos párrafos de este artículo:



1.- En el primer párrafo nos dice: “La declaración de nuestra Independencia, el 9 de julio de 1816, hecho de suma trascendencia para nuestro naciente Estado, generó una serie de largas y sangrientas luchas civiles en todo el territorio nacional.” No creemos que la declaración de nuestra independencia haya generado las luchas civiles sino que, pensamos, las inició la política centralista porteña y esto, es anterior a la reunión del Congreso de Tucumán, si bien el mismo estuvo dominado por esa política. Como planteáramos en nuestra nota sobre el 9 de julio y la ausencia del Litoral[1], en el mes que se reunían los representantes de otros distritos de las Provincias Unidas en Tucumán (marzo de 1816), un ejército de Buenos Aires invadía Santa Fe. Algunos años antes, al reunirse la Asamblea del año 13, los delegados del Litoral Artiguista, fueron rechazados. En diciembre de ese mismo año 13, el barón de Holmberg invade Entre Ríos con la orden de fusilar a Artigas y “a sus bichos”, pero es derrotado por Ortogués y Hereñú en EL ESPINILLO. En mi modesta opinión este es el punto de inicio de las luchas civiles.

2.- Nos dice Cichero: “Anacleto Medina fue…; un soldado que peleó bajo las órdenes de Pancho Ramírez….”  Es cierto pero Anacleto Medina es uno de los importantes jefes militares de las fuerzas de Artigas, como luego Gustavo comenta. El caudillo oriental lo designa como mentor militar de Ramírez (sargento instructor) cuando Pancho empieza a perfilarse como el caudillo que luego fue. Anacleto Medina era un estratega militar formado con Artigas y de su confianza, que posteriores desavenencias entre ambos, llevará a Medina a volcarse plenamente al entrerriano[2] y en contra de Artigas.

3.- “…Él fue quien rescató a Delfina – mujer de Ramírez – en Río Seco y la llevó hasta Concepción del Uruguay…” Nos sigue comentando Cichero refiriéndose a Anacleto Medina. Éste es el punto quizá de mayor controversia con el mismo general Medina a través de las memorias personales[3] que dicta a su secretario Gerónimo Machado. Allí dice taxativamente que el no rescató a la Delfina porque no estaba en el lugar en que ocurre la muerte de Ramírez y la consiguiente situación de peligro de la mujer. Hacia él, cuenta Medina, que estaba escondido en un algarrobal, la lleva un grupo de soldados que había logrado rescatarla. Tampoco dice en ningún párrafo de sus memorias que él fue quien la condujo hasta Arroyo de la China o Concepción del Uruguay.


Si bien estas memorias han sido cuestionadas en su autenticidad por varios historiadores[4], Martiniano Leguizamón[5] entre ellos. Más adelante, el mismo Leguizamón, en otro de sus escritos sobre el tema[6], saca de la escena a Medina y coloca como salvador y transportador de la Delfina, al general Galarza. Por otro lado, Beatriz Bosch[7], en años más cercano a nosotros, reconoce la autenticidad de los apuntes de Medina.

4.- “Medina fue un aborigen nacido en las Misiones, aproximadamente en 1786 (Sic)…” Esta es una de las versiones del lugar de nacimiento de Medina pero que luego ha sido desautorizada estableciéndose que su nacimiento se produjo cerca de Colonia del Sacramento, en territorio uruguayo[8]. Pero no hay dudas sobre su identidad de indio guaraní, igual que el cacique Andresito (Andrés Guacurari), otro de los jefes militares que comandaron las tropas de Artigas.


Como dijimos en la introducción, no son cuestiones que alteren la semblanza que se hace sobre el General Anacleto Medina, pero que hace a nuestras obsesiones por acercarnos, en lo posible, a la precisión en los datos históricos y que pueden jugar en el caso que avancemos siguiendo esta línea, en el estudio sobre la muerte de Ramírez, partiendo de los mismos datos y considerando  la presencia de Medina en el suceso. Por eso el punto de mayor peso de nuestro disenso es el Nº 3 que se refiere al rescate de la Delfina.
La muerte de Ramírez tiene una versión romancesca que todos conocemos y nos emociona, instalada por la historia oficial y repetida como verdad absoluta, pero que no se condice con otros datos, testimonios e investigaciones más recientes.
Como cineasta ficcional y narrador oral, prefiero la versión romancesca, pero como documentalista aficionado a los estudios históricos, necesito contraponer datos, documentos y testimonios en busca de la posible verdad.  




[1] Surraco, Jorge, ¿Por qué Entre Ríos no estuvo en el Congreso de Tucumán, en 1816?  Blog: La Botica del diablo, junio de 2013.
[2] Fernández Saldaña, José María; Diccionario uruguayo de biografías, Montevideo, 1945 y Yaben, Jacinto R.; Biografías argentinas y sudamericanas, Bs. As., 1939. Ambos citados por Unamuno, Miguel en La muerte de Ramírez y las olvidadas memorias del General Anacleto Medina, A. Peña Lillo Editor, Buenos Aires, 1980.
[3] Fueron publicadas por primera vez en 1895 en la revista “El Porvenir Militar”, bajo el título Apuntes del General Don Anacleto Medina, enviadas por el Coronel Antonio Díaz. Poco tiempo después se publicó en un pequeño folleto o libro, quedando olvidas hasta que Unamuno las incluye como apéndice de su obra ya citada.
[4] Palomeque, Alberto, El caudillo Ramírez y su querida doña Delfina, Revista Americana de Buenos Aires, Nº 65. 1929; criticando un artículo favorable a la autenticidad de las memorias publicado en el diario La Prensa por Juan Beverina. (Reproducidos en la obra de Unamuno ya citada).
[5] Leguizamón, Martiniano, La muerte del Caudillo Ramírez, diario La Nación, Bs. As., 15 de septiembre de 1929, contestando a la publicación de Beverina y negando autenticidad a las memorias de Medina. (Reproducido en la obra de Unamuno ya citada).
[6] Leguizamón, Martiniano, Hombres y cosas que pasaron, Bs. As. 1926. La misma afirmación de que en realidad fue Galarza el que salvó a la Delfina, lo cuenta en una carta dirigida al poeta Guillermo Saraví, agregando que se lo escuchó contar al mismo Galarza, siendo el un chico participando de las tertulias de su padre, el coronel de su mismo nombre, en la estancia familiar de Rosario Tala, Entre Ríos.
[7] Bosch, Beatriz, historia de Entre Ríos, Buenos Aires, 1978.
[8] Idem cita 2.


Fuentes consultadas por Gustavo Cichero

1) ABAD DE SANTILLÁN, Diego. Gran Enciclopedia Argentina. Buenos Aires. Ediar Soc. Anon., de Editores. 1966.

2) PICCIRILLI, Ricardo; ROMAY, Francisco; GIANELLO, Leoncio. Diccionario Histórico Argentino. T5. Bs. As. Edic. Históricas Argentinas. 1954. Págs. 177 y 178.

3) VÁSQUEZ, Aníbal. Dos siglos de vida entrerriana. Paraná. Edit. Nueva Impresora. 1950. Pág. 343

Fuentes consultadas por Jorge Surraco

Unamuno, Miguel, La muerte de Ramírez y las olvidadas memorias del general Anacleto Medina, A Peña Lillo Ediciones, Bs. As., 1980.
Rosa, José María, Historia Argentina, T. 3, Editorial Oriente, Bs. As., 1979.
Mitre, Bartolomé, Historia de Belgrano y la Independencia Argentina, Editorial Juventud Argentina, Buenos Aires, 1945.
Vásquez, Aníbal, Caudillos entrerrianos: Ramírez, Casa Pedrassi, 1937.
Newton, Jorge, Francisco Ramírez, el Supremo Entrerriano, Plus Ultra, Buenos Aires, 1964.
Gianello, Leoncio, Delfina, Castellví, Santa Fe, 1952.