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lunes, 9 de abril de 2012

ANTONIO MEDINA Y SUS SEGUIDORES – Parte 1


Por el Prof. Gustavo R. Cichero

En el último cuarto del siglo XIX, vivía en nuestra ciudad un grupo de “ilustrados”, que se conocían entre sí y compartían espacios de interés, como clubes y asociaciones.
Existía en cada hombre de la “cultura de Gualeguay”, un férreo compromiso en la instrucción y educación del pueblo, virtud que se resalta en los discursos pronunciados.
El que núcleo a muchos de ellos y dirigió en las principales instituciones culturales existentes, fue el Dr. Antonio Medina.
Antonio Medina nació en Buenos Aires el día 7 de septiembre de 1854. Era hijo de Juan Cruz Medina y de doña Gregoria Benavides.
Cursó sus estudios secundarios en el histórico Colegio de Concepción del Uruguay y los de abogado y doctor en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires.
En el año 1858, se radicó con sus padres en Gualeguay, donde descolló por sus emprendimientos benéficos y filantrópicos.
Fue Juez de Primera Instancia y miembro del Superior Tribunal de Justicia.
El cargo de juez lo ejerció durante seis años. Los sueldos de los funcionarios del poder judicial eran paupérrimos y teniendo la posibilidad de continuar con su estudio jurídico, consideró la necesidad de la provincia de contar con un juez. Su empobrecimiento como funcionario del Poder Judicial, llegó a tal grado, que con motivo de morir uno de sus hijos en Buenos Aires, no pudo pagar los gastos, correspondientes al traslado hasta la capital de nuestra provincia.
Así lo expresa el Dr. Medina: “Y allí quedó, bajo tierra, su cuerpo, en el montón anónimo de los muertos que pueblan el cementerio de la Chacarita! […]” (1)
Además, en 1918 fue candidato a vicegobernador en la fórmula encabezada por Lorenzo Anadón, por el partido de la “Concertación Popular”, aunque se destacó sobre todo, por su participación en instituciones de bien público.
Medina prestó en la función pública innumerables servicios, sin cobrar por ello. Estos servicios ad honorem, fueron los siguientes: Miembro del Concejo Deliberante de la Municipalidad de Gualeguay; vocal de la Comisión Administradora de Edificación Escolar; vocal y presidente de la Comisión Auxiliar de la Enseñanza Pública; Convencional en la Constituyente de 1913 y miembro de la Comisión Especial encargada de estudiar y presentar el proyecto de reformas a la Constitución anterior de 1883; miembro de la Comisión provincial del Centenario de Mayo; Presidente de la Comisión de Fomento de Bibliotecas Populares de la Provincia.
También realizó en Gualeguay obras de interés público, con un mismo carácter: Presidente de la Comisión Protectora Departamental de la Sociedad Educacionista ‘La Fraternidad’, radicada en el Uruguay, y de cuya Institución fue uno de los fundadores; Presidente de la Comisión Cooperadora de la obra del Teatro Nacional; Presidente y miembro fundador de la Sociedad de Socorros Mutuos ‘La Argentina’; Presidente de la Comisión ‘Homenaje al doctor José María Pagola’;  Miembro fundador de la ‘Sociedad Rural Gualeguay’ y presidente de la Comisión encargada de redactar los Estatutos; Presidente de la Comisión Popular de Auxilios con el fin de luchar contra la epidemia de cólera de 1895;  fundador, redactor de los estatutos y  Presidente del ‘Tiro Federal de Gualeguay’;  Presidente de la Comisión Constructora del Hospital ‘San Antonio’; fundador y Presidente de la Sociedad Fomento Educacional”(2) 
El Dr. Antonio Medina, falleció en Paraná el 4 de octubre de 1924. En reconocimiento a los servicios que prestó, el Gobierno provincial estableció que en todos los edificios públicos, la bandera nacional fuese izada a media asta.

Bibliografía

(1) GIANELLO, Juan María. Hombres de Entre Ríos (Ensayos Biográficos 2da. Parte). Paraná.  Entre Ríos. Edit. Nueva Impresora. 1971. Pág.  68

(2) Cf. MEDINA, Antonio. La vida de un magistrado argentino. Su actual situación. Expresión de agravios presentada al Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, por el Vocal Jubilado del mismo en los autos sobre su jubilación. Paraná. Establecimiento Tipográfico “El Paraná”. 1913. Pág. 81



miércoles, 22 de febrero de 2012

Senderos de Juncos Bravíos-Avance



Trailer de 2 min 45 seg del
Documental cuya duración es de 26 minutos – Fecha de realización: abril/agosto 2011.

Este documental rinde tributo a los maestros y maestras  rurales entrerrianos en zonas desfavorables e inhóspitas, a través de los recuerdos del artista plástico Vicente Jorge Cúneo y de su esposa Nélida Bidegain que memoran los años pasados en las Islas Lechiguanas, cuando Vicente inicia su carrera docente como maestro rural en dichas islas. Ambos relatan los momentos vividos desde una perspectiva personal y diferenciada, lo que enriquece la narración de esa experiencia en la medida que confrontan dos percepciones sobre una misma situación, creando momentos emotivos y profundamente humanos.
El homenaje alcanza también a las familias de los maestros y maestras, a sus alumnos y a las familias de los alumnos, dado que todos constituyen en esos espacios, verdaderas comunidades de aprendizaje donde la enseñanza es una calle de doble mano.
El documental recrea los escenarios del relato apelando a fotografías del álbum familiar de los Cúneo; a imágenes de archivo de distinto origen; a reproducciones de la obra plástica de Vicente producida en y sobre las islas, así como a rodajes actuales realizados en los lugares que enmarcan la historia.
El título del documental como los textos escritos que se presentan en su desarrollo, fueron extraídos de poemas de Vicente Cúneo publicados en su libro LATITUD SUR.

domingo, 29 de enero de 2012

ANTONIO GAMBOA IGARZÁBAL

Ilustre vecino de Puerto Ruiz                                  Por el Prof. Gustavo R. Cichero
                         gustavocich@yahoo.com.ar


Antonio Gamboa Igarzábal, es uno de los tantos personajes destacados de nuestra ciudad, aunque para muchos desconocido, a pesar de que su obra literaria ha sido reconocida a nivel nacional.
Al igual que Juan L. Ortiz, Gamboa Igarzábal nació en Puerto Ruiz, el 8 de septiembre de 1909.
Considerado por Luís Sadí Grosso como  autodidacto, desempeñó tareas de periodista desde los 20 años de edad, en los diarios “La Mañana”, “Justicia” y “El Día” de nuestra ciudad. En ese entonces, solo había asistido a la escuela hasta tercer grado.




En 1947 se trasladó a la ciudad de Paraná, desempeñándose como periodista hasta 1955.
Ejemplo de perseverancia, completó sus estudios primarios a los 47 años de edad. Para ese entonces, ya había publicado su primer libro de poemas: “Coplas”, en 1948. Por este trabajo, obtuvo el premio letras “Urquiza” de Entre Ríos; compartiendo tal distinción con otro copoblano, el Dr. Leoncio Gianello, quien lo mereció por su labor historiográfica.

Continuó estudiando y después de egresar de Bachiller en 1952, obtuvo en 1958 el título de Maestro Normal, emitido por la Escuela Normal de Gualeguay.  En aquel año, fue distinguido por ser el primer docente argentino, egresado a esa edad de una escuela Normal.
Ya como maestro, se desempeñó en escuelas de Paraná, cursando al mismo tiempo el profesorado de Literatura y Castellano y paralelamente Derecho en Santa Fe, hasta principios de la década del ‘60,  cuando se radicó en San Ignacio, provincia de Misiones para ejercer la cátedra de Castellano y Literatura. En esta localidad fundó el teatro vocacional “San Ignacio”, poniendo en escena numerosas obras.

Diez años después, en 1970, tras jubilarse volvió a Paraná, donde interesado por la historia, cursó este profesorado y egresó con este título en 1975. Verdadero apasionado del conocimiento, incursionó en el arte, recibiéndose de maestro ceramista en 1980. Tenía entonces, 71 años.
En nuestra provincia, además de la docente, desempeñó diversas actividades, como Director de Prensa, Presidente de la Dirección Provincial de Turismo, Comisionado Municipal y disertó sobre temas históricos y literarios.
Foto antigua del muelle de Puerto Ruiz
Su obra literaria es muy rica, superando la docena de libros publicados. En sus “palabras”, se puede apreciar el profundo amor que sentía por nuestro río Gualeguay, pero mas precisamente por “su Puerto Ruiz”, el que lo inspiró en su cuantiosa obra.
 


Ya anciano, el profesor Antonio Gamboa Igarzábal, falleció en la ciudad de Paraná en el año 2006, tributándose allí merecido homenaje a quien fuera un ilustre vecino de Pto. Ruiz y un difusor de nuestra cultura.




 
Fuentes consultadas
•    SADÍ GROSSO, Luis. “Gamboa Igarzábal, Antonio”. En Enciclopedia de Entre Ríos: Area Literatura T 5. Paraná. Editorial de la Mesopotamia. 1978. pág. 104.
•    GAMBOA IGARZÁBAL, Antonio. Andanza con el Romance. Paraná. Imprenta Paraná S. A. 2002.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Un inmigrante judío en Entre Ríos-Don Isaac Guerscovich


Horacio Guerscovich relata una parte de la historia de su abuelo, don Isaac, inmigrante judío ruso llegado al país alrededor de 1907, radicándose primero en las Colonias del Barón de Hirsch, para luego probar suerte en varios lugares de las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos, para radicarse finalmente en Gualeguay, donde en 1926 abrió la panadería que lleva su apellido y sigue produciendo su conocida galleta hasta la actualidad, con la presencia desde los inicios y hasta hace poco tiempo, del primer hijo argentino de don Isaac, Martín, de 102 años de edad.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Las Colonias judías de Entre Ríos en 1909


Según un periodista francés de Le Figaro.

“Al llegar á la pequeña estación de Clara vimos que nos esperaba el Sr. Cohen, director de las escuelas de la colonia israelita.”

Así comienza Jules Huret su relato sobre las colonias. Periodista de Le Figaro, fue comisionado por ese diario para varios viajes por América. El relato, del que transcribiremos algunos párrafos, es parte del capítulo donde narra la etapa de su viaje que recorre la Mesopotamia Argentina, e integra el segundo tomo de su libro DE BUENOS AIRES AL GRAN CHACO, publicado en París en 1911, simultáneamente en francés y en castellano. 

 En ninguna página de los dos tomos del texto, figura la fecha de realización del viaje pero ciertas apreciaciones que hace sobre la ciudad de Buenos Aires y las referencias de las notas al pie de página, nos hace concluir que lo hizo en la segunda mitad del año 1909 o primeros meses de 1910. El viaje en su totalidad debe haber durado de tres a cuatro meses. Como dijéramos la publicación es de 1911 y como allí no hay ninguna mención a las fiestas del Centenario, estimamos que en mayo de 1910 ya no estaba en la Argentina.

“Es sabido el origen de esas colonias (continúa el autor). Hace algo más de veinte años (1881/1884)[1] eran cada vez más violentas en Rusia las persecuciones anti-judías, por lo que un capitalista de esa raza, el barón de Hirsch, concibió el propósito de prestar ayuda á sus correligionarios pobres para que pudiesen emigrar á la Argentina y al Brasil, así como á los Estados Unidos, Canadá, Palestina y Anatolia.”

Tiene razón Huret al indicar que este aspecto es el más conocido en lo que se refiere a las colonias judías, especialmente a las de Entre Ríos, sobre las que existe una imagen o una idea formada a través del libro de relatos cortos, LOS GAUCHOS JUDÍOS, de Alberto Gerchunof, obra sobre la cual la crítica histórico literaria actual le reconoce la creación de una identidad perdurable pero al mismo tiempo, le reprocha el haber tenido una visión idealizada de la vida en las colonias. 

No es nueva esta opinión, sino que en su momento Roberto J. Payró, amigo y mentor literario de Gerchunof, le señala precisamente la falta de una necesaria mirada crítica. Pero este libro se publicó por primera vez en 1910, año del Centenario de la Revolución de Mayo, cuando eufóricamente se celebraba la gesta integradora de la inmigración europea, aunque la realidad general fuera otra.

Precisamente por esos años, Jules Huret recorre las colonias y nos proporciona una información que nos parece valiosa en cuanto nos habla de la radicación de los judíos desde el punto de vista de la JCA (Jewish Colonization Association), el emprendimiento del Barón de Hirsch. No tendremos tampoco la mirada crítica reclamada por Payró a Gerchunof, respecto a cuestiones como el descontento interno en las colonias, el desconocimiento del trabajo campesino por parte de los inmigrantes (la mayoría no provenía de zonas rurales sino urbanas y eran fundamentalmente artesanos), el antisemitismo o la retirada del campo de una gran parte de los colonos buscando en las ciudades situaciones más promisorias; pero en cambio tendremos datos numéricos y organizativos que nos pueden alumbrar otro aspecto del desarrollo de las colonias judías de Entre Ríos.

No obstante, LOS GAUCHOS JUDÍOS es un hermoso libro cuya lectura nos puede deparar momentos agradables y también ofrecernos una parte de la verdad.

“La colonia de Clara (continúa Huret), comprende 200.000  hectáreas de terreno (hoy se sabe que eran algo más de 80.000), viviendo en ellas actualmente 700 familias compuestas de 5 personas por término medio, ó sea 3.500 personas.”  
Conviene aclarar que colonia Clara, la más extensa de entre Ríos, ocupaba la zona de las actuales poblaciones de Villa Domínguez, San Gregorio, Carmel, Ingeniero Sajaroff, Villa Clara,  pueblos que surgen a partir de las colonias y Villaguay que era una población ya fundada en la época de la gobernación del general Lucio Mansilla (1823). 

En verde, aproximada ubicación de las 3 colonias judías en 1909
Por datos que aporta el periodista Jules Huret, nos enteramos que la población israelita de la Argentina es en 1910 de alrededor de 40.000 personas, de las cuales 16.000 residían en Buenos Aires, 15.000 en las colonias del barón de Hirsch y el resto diseminado por el interior del país. En esos años la JCA tenía tres colonias en Entre Ríos: Clara, San Antonio (hoy Pueblo Cazés) y Lucienville (actual Basavilbaso) y dos en la provincia de Buenos Aires, Colonia Mauricio, en la zona de Carlos Casares y Mauricio Hirsch en las actuales poblaciones de Algarrobo y Hirsch, que constituyeron en realidad (éstas dos últimas),  la primera colonia de JCA en Argentina. En esa época también ya existía en Santa Fe, Villa Moisés (hoy Moises Ville). Si bien en la instalación de esta colonia no interviene originariamente la JCA (es en realidad un emprendimiento espontáneo y comunitario de inmigrantes judíos), posteriormente la organización de Hirsch intervendrá en su desarrollo. Luego de 1910 y hasta la década de 1930 (en plena época nazi) se instalaron nuevas colonias de inmigrantes judíos en Entre Ríos y otros puntos de la llamada pampa gringa. 

Volvamos al relato de Huret:
“-¿Cómo se reclutan los colonos? –pregunté al Sr. Cohen.
-Antiguamente se les hacía venir de Rusia directamente y se procedía a instalarlos, pero hubo dificultades. Los israelitas rusos vienen ahora directamente por su cuenta á la Argentina, trabajan en su oficio, si lo tienen, ó buscan en las colonias judías una plaza de peón. Nosotros les facilitamos el trabajo. (…) Y cuando al cabo de uno o dos años se han aclimatado y adaptado á las labores, cuando nos ofrecen garantías de actividad y de moralidad y cuentan con una familia numerosa, entonces hacemos de ellos colonos, lo que quiere decir que ponemos á su disposición 150 hectáreas de terreno, ganado y material, (…); el ganado y el material comprenden diez vacas, dos caballos ó cuatro yeguas, un gran arado con asiento ó dos de mano; dos rastrillos, uno de madera y otro de hierro; arreos, yugos, correas y un carro. El importe tienen que reembolsarlo en 20 años con un  interés del 4%.
-¿Se les exige alguna garantía?
-Ninguna. Su contrato es el de un granjero. Deben pagar anualmente los intereses, (…). Más aún; si en los malos años necesitan adelantos ó anticipos se les facilitan en las mismas condiciones. A los pocos años se encuentran con una pequeña fortuna si es que no han tenido muy mala suerte.

(…)Los que saben desenvolverse (…) tienen animales de corral y vacas cuyas leche venden (…) a una Compañía inglesa que ha creado cerca de aquí una fábrica de manteca. Algunos colonos venden hasta 300 litros diarios.
-¿Y no les facilitan ustedes nunca más de 150 hectáreas?
-Nunca. Son bastantes para ocupar durante todo el año á una familia de 7 ú 8 personas. De otra forma, los colonos más afortunados ó más sagaces acabarían por invadir la colonia, absorbiendo poco á poco á los desgraciados y á los más débiles.
(…)
Me habían dicho en Buenos Aires que no inspiraban mucho cariño los colonos judíos por ser rusos embrutecidos y retrógrados.
Esa afirmación me extrañó, y el Sr. Cohen me dijo á propósito de ella.
-Esa acusación era merecida al principio. Los infelices que llegaban aquí desde las aldeas de Polonia, Lituania y Bessarabia, se mostraban refractarios á la cultura y al progreso. Pero la raza es inteligente y se adapta pronto á lo que signifique adelanto. (…) Hasta estamos más adelantados que nuestros vecinos. Hemos creado cremerías y fábricas de manteca, cuyo producto compra Inglaterra. Cultivamos la alfalfa, plantamos árboles y viñedos y mejoramos las razas lecheras y reproductoras. Además, fundamos escuelas, bibliotecas y hospitales en mayor proporción que en otras partes (en ese momento había 31 escuelas y 75 maestros judíos para 2.000 niños). (…) Por otra parte, los colonos han formado una cooperativa agrícola creando lo que llaman ellos un “fondo comunal”, institución ingeniosa que les sirve al mismo tiempo de Sociedad mutualista, para sus compras, y de Banco de préstamo. (…) Así pues, nuestros colonos no son enemigos del progreso y aman el oficio, á despecho de la opinión corriente que les cree enemigos del trabajo manual, sobre todo del de la tierra. Esa mala reputación, que deben indudablemente á las condiciones de vida á que se les condenó en Europa desde la Edad Media, les persigue todavía.
(…)

 -¿Y no se les acusa de falta de sentimiento patriótico, de no adaptarse bastante pronto á su patria de adopción y de aferrarse al nacionalismo judío y á la religión hebraica?
-Es posible que ciertos inspectores demasiado celosos se admiren de que todos nuestros colonos no hablen el español con facilidad y de que los alumnos no estén bastantes fuertes en historia argentina. Pero ¿qué se puede exigir á esos infelices que llegan aquí frecuentemente á los cuarenta, cuarenta y cinco y cincuenta años, después de haber vivido siempre en el mismo medio israelita, ignorante y mezquino? ¿Cómo hacerles admitir que no tienen derecho para hacer que sus hijos reciban las enseñanzas de su religión de la Biblia? Si han venido aquí es precisamente por huir de las persecuciones de los países intolerantes y por habérseles dicho que aquí podrían vivir con libertad. 

Ahora bien: interróguese á los que viven en la Argentina desde hace quince años. Se verá entonces que se sienten satisfechos y contentos por disfrutar de la libertad y que están agradecidos á la República. Pero en quince años no pueden convertirse en ardorosos patriotas ni haber olvidado sus tradiciones, su raza y su religión. Sus hijos serán buenos argentinos y sus nietos más aún, pero no debe coartarse su libertad. (…).

Este comentario revela la resistencia o más bien la desconfianza que había en los argentinos previos, respecto de la inmigración judía como la había con respecto a la inmigración de todas las latitudes, especialmente al ver los rápidos progresos que hacían en sus economías. Claro, lo que se veía, como se ve hoy, son los éxitos económicos que no fueron la moneda corriente en todo el proceso inmigratorio. Gran parte de los inmigrantes siguieron siendo pobres o se empobrecieron aún más, pero todos fueron parte constitutiva importante de la Argentina moderna. Esto debe ser tenido presente por los todos los ciudadanos de nuestro país, ante la actual mirada discriminatoria frente a la inmigración proveniente de los hermanos países latinoamericanos. Como hace un siglo estamos ante la construcción de una nueva identidad argentina.

Jules Hurte volvió a Francia y publicó su libro de impresiones y datos estadísticos que recogió en su viaje. Las colonias judías de Entre Ríos siguieron su derrotero; algunos colonos probaron suerte en otras ciudades de la provincia o en Buenos Aires, otros se quedaron y su profunda huella hoy puede vivirse en la cultura, las costumbres, la obra social y en los descendientes que viven en la zona. Pero esta es otra historia sobre la que habrá que volver.
Jorge Surraco

[1] Las persecuciones a los judíos eran habituales en Rusia desde mucho tiempo antes a estas fechas, pero luego de la muerte del Zar Alejandro II, por la cual culparon sin evidencia alguna a los judíos, aumentaron en violencia, los asesinatos recrudecieron y millones de personas debieron emigrar. En esta fecha surge la palabra pogrom o pogromo (linchamiento). Una acción mucho más sangrienta se volvió a vivir en Rusia desde 1903 a 1906.



BIBLIOGRAFÍA
Huret, Jules: De Buenos Aires al Gran Chaco, T 1 y 2 - Biblioteca Argentina de Historia y Política- Hyspamérica, mayo de 1988, Buenos Aires, Argentina.
Gerchunof, Alberto:Los Gauchos Judíos - Editorial Sudamericana - Buenos Aires, 1 de diciembre de 1950, Año del Libertador General San Martín.
AAVV: Shalom Argentina, Huellas de la colonización judía - Ministerio de Turismo, Cultura y Deporte de la Nación – Programa Argentina Mosaico de Identidades – Buenos Aires, noviembre de 2001.
AAVV: Argentina Pueblo a Pueblo – T. 10 y 11 – Arte Gráfico Editorial Argentino (Clarín) – 1ª ed – Buenos Aires, 2006.


miércoles, 26 de octubre de 2011

Néstor Vive... Fuerza Cristina


El título de este video era el clamor permanente en la plaza y en los toscos carteles hechos a mano, himnos de gratitud al hombre que cambió la historia del país.

Gracias Néstor por devolvernos la patria, el orgullo de ser argentinos: Usar de nuevo la escarapela en el pecho, sentir emoción al cantar el Himno, son formas simbólicas que permiten sentirse partes de un todo, de una patria que trasciende la insustancial y patriotera de las fiestas escolares y penetra en lo profundo de la tierra, de la historia y de las falsas fronteras creadas en el siglo XIX. La patria que soñaron nuestros padres fundadores vive en el sentir popular y esto, no es una aspiración de deseos; es una convicción que no está en el pensamiento sino en la sangre de los pueblos.

Y finalmente algo que lo resume todo: gracias por devolvernos la alegría.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Entre la tristeza y la alegría militante


A un año de la muerte de Néstor Kirchner
por Jorge Surraco


El 29 de octubre de 2010, al día siguiente de los hechos que narra, publiqué esta nota en facebook como una descarga emocional de lo vivido, muy personal y en caliente. No volví a leerla desde entonces. Al hacerlo pensé que seguramente el año transcurrido podría haber producido cambios, si no en los sentimientos, por lo menos en el plano de lo racional y del análisis distante y más frío. No fue así. Por eso la vuelvo a publicar ahora en este blog absolutamente igual a como se publicó la primera vez como una forma de mantener fresco y activo lo expresado. Deseo además, llamar la atención sobre las imágenes de los carteles escritos a mano e improvisados, pero que reflejan auténticamente un profundo sentimiento popular.

CRÓNICA DE UNA PLAZA


No entiendo por qué no quería ir. Quizá porque no me gustan las despedidas de cuerpo presente… ¡ninguna! Quizá porque me dolían otros momentos parecidos. Los duelos prefiero hacerlos en soledad, en lo profundo de mi mismo y con la imagen viva de la persona que se ha ido. Pero finalmente llegué a la Plaza de Mayo, no con la idea de hacer la fila para entrar sino para ver, observar, entender a los que sí la hacían en cuadras interminables. Caminando, introduciéndome en la masa que cubría la plaza y sus extensos alrededores, recordé cuando hace muchos años, durante tres días fríos y lluviosos, caminé literalmente como un sonámbulo, filmadora en mano, tratando de aclarar  las mismas incógnitas. Pero la situación de entrada me presentaba grandes diferencias. Los gestos lejanos me contaban de un enorme dolor por la pérdida del Gran Padre que se iba y por la lucha de muchos años para que volviera a la patria, pero también un velado reproche porque nos dejaba en las puertas del infierno a cargo de dos demonios que comandaban un ejército de diablos sedientos de sangre. Ahora, en esta plaza, pude ver lágrimas en los ojos pero sonrisas en los labios que de pronto se abrían en un canto o en un rugido de gratitud o de esperanza o decidido apoyo para continuar el camino iniciado. Aquello lejano fue una enorme congoja; lo nuevo era una mezcla rara de tristeza y alegría. 

 ¿De dónde sale esta gente? ¿Dónde estaban? Se preguntaron muchos. ¿Cómo surge esta pasión por un hombre vituperado por los “bien pensantes”? ¿Cómo es esto de que enormes cantidades de jóvenes se manifiesten políticamente cuando se hizo todo lo posible por narcotizarlos? Esto que pasa en el mundo real debe ser una mentira porque la TV los muestras borrachos y peleándose a palos a la salida de los boliches o en las canchas de futbol. ¿Por qué emerge esta realidad que nos inquieta al solaparse con la que hemos creado en la pantalla chica? Los correctos, los que cuidan las formas, están desconcertados. Quizá con el mismo desconcierto que tuvieron aquél 17 de octubre cuando el “aluvión zoológico” se lavó las patas en la fuente de la Plaza de Mayo o mucho antes, cuando los Infernales de Pancho Ramírez ataron sus caballos en la pirámide de la misma plaza. Claro que ahora, no sólo éramos los morochos, los cabecitas negras, los gauchos rotosos, los que copábamos la plaza. También en esto había una mezcla integradora y esperanzadora. 

Habría que hacer el intento de explicar lo muy difícilmente explicable aunque no puedan entender, que el pueblo, ese pueblo que ellos transforman en “la gente”, una  entelequia a su medida, gusto y paladar, posee otra sabiduría o intuición (quizá sea lo mismo), que le permite establecer puentes intangibles con quienes saben o aciertan interpretarlos y representarlos en las esferas del poder; sin adoctrinamientos de estructuras ni de medios de ningún tipo, ni siquiera la necesidad de ponerse de acuerdo entre ellos, irrumpiendo en la escena como una sola fuerza, una energía maravillosa que produce el mágico acto de creación de un líder popular. Claro que siempre aparece la duda, si en las vecindades del líder viven quienes tienen la obligación de canalizar, de organizar esa energía para que no se pierda en su propio impulso. 

Cuando los ídolos populares pierden el apellido como Evita, como el Zorzal Criollo o simplemente Carlitos, como El Che, como el Diego, parecen ser los únicos poseedores de esos nombres y se transforman en mitos que a la manera de aquellos del mundo clásico, que tampoco tienen apellido, se tornan inolvidables e invencibles. En la plaza descubrí que el hombre que despedíamos era solamente Néstor, sin apellido. Compañero Néstor, que es el título de mayor honor al que puede aspirar un presidente elegido por el pueblo. Perón nunca perdió el apellido aunque pudiéramos llamarlo en la intimidad militante: el Líder, el Hombre, el General, “el que te jedi” (cuando por ley estaba prohibido nombrarlo), quizá por muy grande, por muy respetado o por demasiado general; pero en realidad creo que no lo perdió porque lo inmortalizamos al designar con su apellido una idea, una doctrina, una manera de sentir la patria y la vida en nuestra patria. También me dí cuenta que la presidenta es para el pueblo sólo Cristina y la hermana de Néstor: Alicia. Los “bien hablantes” dirán que eso se debe a que al “populacho” le es muy difícil pronunciar ese apellido suizo alemán. ¿Es posible? Pero además, son tratadas con un respetuoso tuteo y esto me hizo recordar que los sectores populares sólo llaman a una persona por su nombre de pila y lo tutean en el trato amable y cotidiano, si están cerca, si forman parte de sus afectos y sólo cuando se ha traspasado el cerco de la formalidad. Pero también tutean conjugando rítmicamente un verbo parecido, desde el tablón o en la calle, cuando alguien hace algo que los afecta.

¡Tremenda responsabilidad para los que reciben semejante herencia!

Pero como entender tamaño cariño, adhesión y entrega popular que generó Néstor. Podrán darse y se darán sesudas interpretaciones de uno y otro lado. Se expondrán números que grafiquen cuestiones económicas, niveles de ocupación y de pobreza. Se podrá argumentar que la muerte tamiza los aspectos malos de un político y reflota los buenos. Se caerá en la comparación fácil e interesada con los funerales del Dr Raúl Alfonsín. Pero ninguna comparación, ni aún la que hice al principio con la muerte de Perón o la de Evita a la que no quise referirme porque sólo pude seguirla por radio, no permiten echar luz sobre la incógnita. Porque si pensamos honestamente sobre todo lo hecho por el gobierno de Néstor y de Cristina en el plano material a favor de las clases humildes, es mucho, si se toma el punto de partida, pero no es tanto en función de las necesidades que esas personas aún tienen. ¿Por qué entonces? Necesito dar una respuesta, personal y subjetiva por supuesto, pero basada en lo que oí y leí en la plaza en toscos carteles hechos a mano sobre cualquier papel. Todas tienen que ver con agradecer restituciones, con devoluciones de valores que el pueblo tenía y le habían sido arrebatados y que eran (¡o casualidad!), los mismos que habían logrado con Perón:

Gracias por devolvernos la dignidad: Para las capas populares el trabajo es dignificante; es un valor inapreciable aunque sea poco lo que se pague, porque un trabajo fijo permite discutir y mejorar lo que se gana. Mientras tanto, el subsidio estatal permite sentirse mejor para buscar trabajo y no como se dice crear parásitos del presupuesto estatal derivando los subsidios al juego y al paco.

Gracias por devolvernos la esperanza: Los hijos en la escuela genera la esperanza que ellos podrán tener un futuro mejor que el presente de sus padres. La educación es un valor tradicional en el pensamiento popular argentino que tiene profundas e históricas raíces.

Gracias por devolvernos la lealtad y la fe: Fe en el compañero de todos los días y en el compañero Presidente. Lealtad con la palabra empeñada, con las promesas y los pactos. Por eso en el pueblo, los traidores no tienen retorno aunque lleguen a puestos relevantes. Esto se escuchó mucho en la plaza.

Gracias por devolvernos la política: No sólo como actividad partidaria, sino como participación en la gestión del futuro personal y colectivo. Gracias por darle nuevamente sentido a la bella palabra militancia. Si bien vimos personas de todas las edades, algunos en silla de ruedas o con más de un bastón, la mayoría fue de jóvenes donde podía palparse la vida militante de base, territorial, barrial.

Gracias por ayudarnos a creer en la posibilidad de justicia: Ninguna sociedad puede edificarse sólidamente si no tiene confianza en actos de verdadera justicia. Si bien esta es una deuda no saldada aún, el pueblo entendió que es su derecho y su obligación luchar por alcanzarla.

Gracias por ayudarnos a tomar la palabra y la posibilidad de decirla: El decir “su palabra” era un derecho y un valor de la mayoría de los pueblos originarios de América, expresada en los fogones. La palabra es la historia y los demás valores culturales de cada pueblo. No en vano la más potente arma de la conquista española fue hacer desaparecer la palabra de los vencidos.

Gracias por devolvernos la patria, el orgullo de ser argentinos: Usar de nuevo la escarapela en el pecho, sentir emoción al cantar el Himno, son formas simbólicas que permiten sentirse partes de un todo, de una patria que trasciende la insustancial y patriotera de las fiestas escolares y penetra en lo profundo de la tierra, de la historia y de las falsas fronteras creadas en el siglo XIX. La patria que soñaron nuestros padres fundadores vive en el sentir popular y esto, no es una aspiración de deseos; es una convicción que no está en el pensamiento sino en la sangre de los pueblos. En la plaza se vieron distintas banderas de países latinoamericanos y de los pueblos originarios, aunadas con la celeste y blanca.

Y finalmente algo que lo resume todo: gracias por devolvernos la alegría.

No creo que sean estas todas las razones. Son las que más sentí y desde luego me involucran. Valores de los que se fueron apropiando todas las dictaduras y terminados de aniquilar en los noventa, para poder concretar el otro saqueo: el económico. Sólo se puede robar lo material de un pueblo si está desarmado moralmente y disgregado en lo social. Todas las invasiones y las conquista de las historia dan testimonio de esto.

Cuando el pueblo se apodera de ciertos lugares simbólicos, se produce una conmoción y la historia (que no ha finalizado), tiene un quiebre y llega un nuevo amanecer que podrá ser glorioso si todos, los que amamos este país, decimos presente.